mentiras, hipocresía y dolor
Estoy buscando algo sobre lo que escribir. Estoy buscando unos personajes que me hagan sentir poderosa. Cuando escribo soy una especie de dios, y todos hacen lo que yo quiero, todos dicen lo que a mi se me antoja. Incluso tengo poder sobre el espacio y el tiempo y el único límite que existe es mi imaginación. Da igual si lo que escribo es realista o no, porque si no lo es hablaríamos de ficción, y si lo es, de realismo. No hay límites. Es la absoluta libertad.
Cuando escribo, no siempre soy justa. Algunos de mis personajes sufren o se mueren, y no se lo merecen. Son simplemente cosas que pasan, como en la vida misma. La vida es dura, y todos pagamos por errores que no cometemos. Pero también mentimos, engañamos, tergiversamos, hacemos cosas de dudosa moralidad y luego, cuando nos hacen lo mismo, ponemos caras de indignación y alzamos los brazos preguntando al cielo - oh dios mío- cómo han podido hacernos esto.
Vamos predicando consejos por la vida y a la hora de la verdad somos tan tontos, tan malos y tan capullos como el resto. La gente dice aquello de "no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti" pero olvidan que el dolor es distinto en cada persona. Y como leí en una conocida novela de George Orwell, 1984, del dolor no se puede esperar más que una cosa: que pare. Y el problema es que el miedo también genera dolor, y nos pasamos la vida viviendo con miedo. Con miedo a lo que pasó, con miedo a lo que podría pasar, con miedo a que esa persona haga lo mismo que hizo con la anterior contigo.
Yo vivo obsesionada con la mentira. Leí en alguna parte sobre un estudio, supuestamente científico que hicieron, que las personas mienten una media de doce veces al día. ¡Doce veces! ¡Al día! En lugar de usar neutros, de no contestar, de hacernos los locos, mentimos. Deberíamos tener todos la nariz tan larga como Pinocho en su peor momento. ¿Tan poco nos gusta quienes somos y lo que hacemos que tenemos que mentir sobre ello? ¿Tan poco responsables y consecuentes somos? Me asusta. Me asusta que seamos todos una panda de mentirosos. Me asusta que no nos gustemos a nosotros mismos y que no nos guste lo que hacemos y seguimos haciéndolo. Mis personajes no mienten, no mienten nunca. Meten la pata, se equivocan, pierden lo que quieren, sufren, son desafiados, desafiantes, crueles, apasionados, malos, dudan, se deprimen en exceso... pero no mienten. No entiendo por qué los pecados capitales no son ocho. Tal vez porque seríamos todos demasiado pecadores.
Espido Freire dijo una vez que la vida no es justa, solo es más justa que la muerte. Con respecto a eso, no podemos hacer nada. Bueno, sí; jodernos y aguantarnos.